Son otros tiempos…

Día de publicación: 2019-08-01
Por: Azalea Lizárraga


A mediados de los 70 del siglo pasado me tocó realizar el servicio social en Sahuaripa y  puntos circunvecinos como Güisamopa y Arivechi, por mencionar los mas importantes enclavados en la Sierra Madre Occidental y aunque Sahuaripa está solo a 207 Km de Hermosillo, era difícil el acceso al pueblo debido a los largos tramos de terracería a recorrer. Salía uno al amanecer para llegar hasta la tarde-noche, cansados de tanto botar en los camiones públicos o la parte trasera de un pick up.

Éramos jóvenes emocionados ante la aventura de salir a probar nuestras alas en el terreno profesional, sin más respaldo que la promesa del municipio de apoyarnos en nuestro objetivo de coordinarnos con el médico del pueblo para realizar exámenes clínicos de laboratorio sin que los habitantes tuvieran que desplazarse hasta la ciudad capital para ello. Una odisea tormentosa si consideramos que en esos tiempos, acudir al médico significaba enfermedad manifiesta. 

¿Becas para ello? Ninguna, tan solo el apoyo de traslado de la entonces Secretaría de Asentamientos Humanos y Obras Públicas (SAHOP) y el préstamo de equipo y material de laboratorio por parte de la Universidad de Sonora y el IMSS. 

Pero eran también tiempos en que los alcaldes de los municipios alejados de la ciudad capital se las ingeniaban para llevar beneficios a los habitantes. En nuestro caso, nos prestaron una antigua casona del pueblo como albergue temporal e instalar nuestro flamante laboratorio para realizar exámenes básicos de laboratorio.  

Un médico rural que gustosamente accedió a enviarnos pacientes a los que hacía tiempo les urgía realizarse dichos exámenes; una población deseosa y nerviosa para acudir con los químicos y pagar, en la medida de sus posibilidades, los precios super módicos con los que contemplábamos subsistir los dos meses que estaríamos en Sahuaripa. Admito que nunca nos faltaron las gallinas y los huevos, así como vegetales o frutas de la región.

Agradecidos de siempre con los habitantes de esa región, en especial la familia Biebrich y otros personajes "pudientes” del municipio, siempre prestos a auxiliarnos ante la diversa problemática que se nos presentaba, desde la ocasional falta de agua para los menesteres diarios o el transporte vía aérea ante casos de enfermedad o seguimiento de algún paciente que así lo ameritara.

Ignoro si eran tiempos difíciles en el tema de seguridad. Tan solo recuerdo que trabajábamos a puertas abiertas y dormíamos en forma similar en los patios de la vieja casona. 

Por supuesto que la modernidad cambió el entorno no solo geográfico, sino que trastocó algunos valores y prioridades no solo de las autoridades sino de la gente en general. Dicen los que saben de ésto, que la sierra se ha vuelto una zona complicada en materia de seguridad pública. Les creo.

Viene a colación estas reminiscencias por la noticia del paro nacional convocado por la Asamblea mexicana de médicos pasante del servicio social, a la que se han sumado hasta ahora 105 estudiantes de Medicina de la Universidad de Sonora campus Hermosillo que realizan el servicio social en diversos municipios, sobre todo en el sur del estado. Se menciona que estudiantes de la UVM-Hermosillo, están igualmente en dicha lucha. Esto no es cuestión de estatus social.

Las banderas que enarbolan van en tres vertientes: 1. solicitan la no suspensión de las becas que reciben para su mantenimiento, que son de 2,500 o 3,500 pesos mensuales, dependiendo del área geográfica en la que se ubiquen; 2. mejoramiento de las condiciones en las que realizan su servicio social, ya que hay centros de salud en los que no tienen agua o luz, además de las carencias de material médico o medicamentos básicos; y 3. lo que consideran de urgente resolución, la inseguridad que sienten respecto al ejercicio profesional en áreas donde la violencia y/o el narcotráfico es más que evidente. Y esta es una triste realidad en todo el país. 

Aunque algunos paristas siguen prestando sus servicios en casos de urgencia médica, sobre todo en las zonas rurales y marginadas, tal y como les recomendaron los jefes de investigación y docencia que los apoyan en dicha protesta, entienden las implicaciones éticas que no hacerlo representa, considerando los principios de una profesión que les exige  "capacidad para desempeñarse en la medicina de primer nivel de atención (preventiva comunitaria y familiar) para preservar y/o recuperar la salud” y hacerlo "de manera efectiva en escenarios cambiantes y de recursos limitados o escasos para ejercer su práctica profesional”.

Las autoridades de la UniSon ya gestionaron ante la Secretaría de Salud, tanto a nivel estatal como federal, quienes han manifestado que las becas no habrán de suspenderse. El problema persiste porque el tema de inseguridad es la amenaza mayor que sienten estos jóvenes pasantes.

Como que ya es tiempo de realizar un análisis profundo no solo de la legislación relativa a la prestación del servicio social y el internado de pregrado, sino también de los usos y costumbres en torno a esta profesión, sobre todo respecto de los tiempos y horarios que deben cubrir durante el ejercicio de dichas actividades. ¿Quién dijo que para ser un buen médico se debe aprender a dormir con los ojos abiertos?   Espero que coincidamos.
azaleal@prodigy.net.mx
@Lourdesazalea

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