La maldición de los chapulines

Día de publicación: 2020-06-03
Por: Armando Vázquez


EL CAMBIO DE ESTAFETA de la senadora sonorense Lilly Téllez –de Morena al PAN--, así como otras maromas de distintos legisladores a lo largo de la historia política de este país, conlleva a una reflexión seria y definitiva: ¿por qué no se legisla en la ley electoral para que dejen de presentarse tales acrobacias políticas?

Allá por septiembre del 2018 el senador Rogelio Israel Guzmán renunció al PRD y se incorporó al PVEM.  El 31 de mayo del 2019 la senadora María Leonor Noyola Cervantes hizo lo mismo En septiembre del 2019 la senadora María Antonia Cárdenas Mariscal renunció al PES y se integró a Morena. https://bit.ly/3gKyB1A

Esto trajo por consecuencia que desaparecieran los grupos parlamentarios del PES y PRD en el Senado de la República que requiere de cinco integrantes mínimo –ambos quedaron en tres--, para conformarse en grupo y recibir las canonjías legales debidas.  https://bit.ly/302L7nn

De acuerdo a la Ley Orgánica  del Congreso  en sus artículos 26, 27, 28, 29 y 30, se explica la importancia de la conformación de los grupos parlamentarios que sirven para una mejor organización interna pues éstos eligen una representación que sirve como coordinador y agiliza votaciones y diálogos.

Más allá está el otorgamiento de subvenciones que servirán para apoyarse –mediante staff de asesores o bien, recursos para realizar mejor su trabajo legislativo--, y pueden participar en la Junta de Coordinación Política –JoCoPo--, que es donde se pelean, fijan y negocian las sumas económicas a recibir, las subvenciones, pues, entre otro montón de cosas.

Se supone que el grupo parlamentario está conformado por legisladores que tienen una ideología, la de su partido. https://bit.ly/2MuD4aV

El hecho es que quedaron tres senadores del PRD e igual número del PES sin su respectivo grupo y se les denomina Senadores sin grupo. Já, le metieron neurona.

¿A dónde vamos con esto?

Aunque sabemos que existe el libre albedrío como individuo y que puede hacer lo que le pegue en gana, no entiendo cómo es que los partidos políticos no han consensado una ley que les permita evitar que brinquen de partido en partido y más cuando ya son legisladores del nivel que sea.

Moralmente existe un compromiso de permanencia, pero que se puede violar en todo momento y por las razones más disímbolas.

Allá por el 19 de febrero la diputada federal también sonorense Irma Terán Villalobos renunció al PRI para sumarse a la bancada del Partido  Encuentro Social  que coordina su esposo, Jorge Arturo Argüelles, quesque por amor.  Con la nueva adquisición, el PES suma 27 integrantes, mientras el PRI se mantiene como la tercera fuerza política en el recinto de San Lázaro, con 46 legisladores. https://bit.ly/2XYiOUf Por citar a una paisana y que podemos visualizar.

Debería firmarse un documento por escrito de adhesión al partido por parte de quien pertenece al poder legislativo y que en caso de que abandone su partido y se vaya a otro, en automático pierda su curul y se le entregue a su suplente (quien si hace lo mismo, el partido nombrará un sustituto y así respectivamente) pues debe quedar en claro que la curul es del partido correspondiente, no del individuo que lo ostenta.

Para evitar esta situación, pues debe elevarse a rango de ley o reglamentación interna con efectos legales sobre la tribuna que ostenta.

Las alegatas sobre estos últimos puntos pueden ser muchas, pero un hecho cierto es que los legisladores eligieron participar apoyados por un instituto políticos y quienes votaron y le dieron el triunfo ameritan respeto a la investidura partidista. Si no, pues ahí está la candidatura independiente.

El peligro de esto es que los senadores (y los diputados federales, estatales o bien los mismos regidores) están en la palestra de las ofertas, es decir, pueden traicionar a sus correligionarios y partido por el hecho de que le ofrezcan una gubernatura, (o cualquier otra candidatura) o bien, por mero, ramplón y sucio dinero. Mucho dinero, me imagino.

Ejemplos sobran. Por eso la política esta vista como el arte de comer mierda, no hacer gestos feos y pedir más. Ni se diga del encuadre mental en el marco de la corrupción, falta de palabra, deslealtad y un largo etcétera por todos conocidos.

Y como dicen algunos, el partido no es corrupto, pero si quienes han emanado de él y que no han sido castigados, vaya ni siquiera expulsados de sus instituciones.

Está muy suelto este asunto de cambiarse de partido en asuntos legislativos, insisto, pues la estadía en un partido político de parte de cualquier integrante, el común pues,  es de voluntad propia y sin presión de ningún tipo.

Ya va siendo hora de que se autoimpongan los partidos políticos los candados necesarios para fortalecer sus organizaciones, pues los chapulines, como maldición, les hacen mucho daño a su borrosa y descolorida imagen pública.

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