Oremos por la realidad virtual

Día de publicación: 2020-07-22
Por: Azalea Lizárraga


No obstante que nos hayan machacado hasta el cansancio que debemos adaptarnos a la "nueva realidad”, las familias sonorenses -regionalizo por ser este mi ámbito vivencial- seguimos preocupados por lo mismo, la educación de nuestros hijos.

La experiencia inmediata en el ámbito escolar dejó claro que la contingencia sanitaria profundizó aún más el abismo de oportunidades educativas que existe en nuestro país. Hay datos que nos alertan al respecto, porque de los 36 millones de estudiantes inscritos en el nivel básico (que abarca desde preescolar hasta secundaria), menos del 21% (aproximadamente 7.5 millones) pudieron dizque completar el ciclo escolar por medio de clases en línea.

Datos preocupantes que nos hablan de que con esta nueva realidad educativa que se visualiza en el panorama nacional para el próximo ciclo escolar, los más pobres quedarán excluidos de recibir educación como dios manda, porque ni modo que de aquí a mediados de agosto podamos garantizar que en todos los hogares del país exista o se mejore el acceso a internet, se cuente con una o varias computadoras, dependiendo de cuántos hijos tenga la familia y, no menos importante, que sus integrantes cuenten con las habilidades técnicas necesarias para incursionar en el aprendizaje en línea. Difícil, ¿verdad?

Analizando la otras dos terceras partes de la ecuación, la escuela y los maestros, dígame usted si el sector cuenta con las capacidades y habilidades tecnológicas que permitan garantizar que la educación se implementará en el contexto amplio de la palabra, no solo en girar instrucciones sobre qué leer y qué tareas entregar, porque esto solo asegura una calificación al final del día y pretender que se aprende por decreto.

De esta realidad tampoco escapa el nivel superior. No todas las universidades y/o institutos cuentan con las capacidades tecnológicas y/o personal capacitado para impartir clases en línea, ni que sus alumnos les sigan el paso.  No tenemos datos precisos al respecto, pero si en el ámbito de las ciencias duras no todos estaban preparados, imagino el lamento generalizado de áreas menos dependientes del desarrollo tecnológico.

Una triste realidad que no podrá ser resuelta en el corto plazo, a no ser que los gobiernos inyecten recursos extraordinarios en el próximo presupuesto para garantizar la calidad de la educación en línea, al menos en lo que a capacidades técnicas se refiere. Lo otro, el factor humano, es otra historia.

Como si nada hubiera cambiado -pero cambió- llegamos a esa época del año donde los jóvenes sonorenses andan preocupados por el no tan seguro ingreso a una institución de educación superior pública para cursar alguna licenciatura o estudios de posgrado. No hago mención de las IES privadas porque los cánones de ingreso se rigen, primordialmente, por la posibilidad de pagar los costos de colegiatura y que, desde mi experiencia, representan solo la punta del iceberg…. lo costoso viene aparejado a las exigencias del entorno y experiencias extracurriculares que estar en ellas implica.

 Y en este proceso, hay una natural preocupación en los 13,134 jóvenes sonorenses que desean ingresar a la Universidad de Sonora, habida cuenta que solo se brindan 7,850 espacios en los 58 programas de licenciatura que se ofertan en las tres unidades regionales.

Motivado por la exigencia de una "sana distancia”, la institución se acogió a un esquema de ingreso diferente al de años anteriores, el examen virtual de Admisión y Diagnóstico EXANI II, que aplicó el Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior (Ceneval) a los 11,911 aspirantes que no pudieron ingresar en forma automática a la institución, por no alcanzar el promedio de preparatoria requerido para ello o por aspirar a ciertas licenciaturas, como Medicina, por ejemplo.

No será fácil para la máxima casa de estudios del estado iniciar con clases  algún momento su ritmo presencial. Son más de 42 mil estudiantes que atiende en sus 109 programas educativos (entre licenciatura y posgrado). Échele pluma en cuanto a los recursos tecnológicos que esto demanda.

Tanto el gobierno del estado como la federación tendrán que canalizar recursos extraordinarios para la implementación eficiente de estrategias que garanticen la impartición de clases en línea, pero sin dejar de lado el factor más importante de esta ecuación, el que se supone garantizará el desarrollo sustentable y armónico de las regiones: la "realidad virtual” de los estudiantes involucrados.  ¿Contarán con las condiciones sociales y económicas que garanticen su acceso a esta nueva demanda educativa digital?

Ojalá y se apliquen a ello, pero mucho me temo que, por algún tiempo, estaremos como los cangrejos. En los albores de una "nueva realidad”, esto puede implicar, en algunos sectores, apagar motores… y sentarse a esperar un milagro.

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