Requerimos gente buena como gobernantes

Día de publicación: 2020-08-11
Por: Armando Vázquez


LE VOY A CONTAR UN SECRETO.

Hubo una ocasión en que el Padre Pedro Villegas y quienes le rodeaban citó a conferencia de prensa para dar a conocer su posición ante un señalamiento de una empresa financiadora que tenían y que se había vuelto inmersa en una situación de crisis.

En lo particular no conocía al Padre Villegas. Ocurrió que me llegó la invitación y me dije que quería conocer a tan interesante personaje. En el mencionado evento estaba el Padre Cota y otros más, incluyendo al Padre Villegas.

Nunca hice una pregunta pues quería conocerlo. Los representantes de los medios se le fueron a la yugular. Terminó el evento y todos se fueron pero, curiosamente quedamos él y yo, solos. ¿Qué se te ofrece?, me preguntó y le plantié algunas estrategias de solución a su problema.

Pasó el tiempo y luego me invitó a su despacho, allí platicamos ampliamente de muchos temas. Nunca entendí su deferencia hasta el cabo de un año o dos, cuando ya había solucionado el problema financiero con la problemática –utilizó algunas de las estrategias que le mencioné--, y me dijo el por qué éramos muy amigos, el Padre Villegas tenía muy pocos amigos y me lo dijo y resaltó. Sin presunción, claro está de mi parte.

Resultó que cuando fue aquella conferencia de prensa me confesó que él estaba rezando y le pidió a Dios que le ayudara a resolver la problemática y de pronto estábamos los dos solos platicando sobre el tema. Juro por Dios que así fue.

Por eso los kineros que son mis amigos no se explicaban la causa por la cual tenía el Padre Villegas una deferencia sobre mí, que sobre el resto (miles), de sus hijos.

Pero también hubo otro punto que me dejó en claro en el Padre en los pocos años de tratarlo, aparte de que Dios existe y su actuación no la conocemos: el mundo tiende al bien.

Fue la misma frase que me obsequió años antes Vernon Pérez Rubio, cuando fue secretario de infraestructura en tiempos de Manlio y apoyó monetariamente la misión de la construcción de un seminario ubicado en Real del Alamito y en la cual participaron adecuadamente el arquitecto Alejandro Puebla Gutiérrez y el ingeniero Martín Carranza Solórzano. El mundo tiende al bien, me dijo.

Voy a esto, nuestra sociedad se ha estado constituyendo por hombres y mujeres que son gente buena.

Aún me impresiona cuando se le acercan –me consta--, a Ricardo Mazón Lizárraga, gente de las clases marginadas a solicitarle un favor y que Ricardo no les falla. Y tengo testimonios de personas humildes que le agradecen su buena labor de manera personal: la doña que le pidió el estudio para atender a su hija de un mal que fue canalizada al CIMA, el señor que le pidió una beca de estudios para su hijo y en fin, gran cantidad de favores que el mismo Ricardo ya no los recuerda pero yo sí porque ellos mismos me lo informaron.

Tiene una fundación que maneja su esposa sobre la cual maneja una serie de beneficios, pero ese es otro tema relacionado con lo mismo.

Así como su fundación hay cientos en Sonora. Desde mi amá, que hubo de conformar una Asociación Civil luego de algunos años por petición de la autoridad –"Mil manos a la obra” que por cierto se da cena por fuera de los hospitales y si quiere apoyar aquí está el link https://bit.ly/3afK7zn  --, hasta la del matrimonio de Javier Gándara y su señora esposa Marcela, cada quien luchando por hacer el bien. Sin petición de reconocimiento, conste.

El hecho es que México y Sonora requieren de gobernantes que sean gente buena en el sentido literal. Y en este aspecto debemos manejar a Ernesto Gándara a quien conozco, respeto y de quien siempre alabaré su calidad humana.

Ernesto y lo digo con el corazón en la mano, sin necesidad alguna, estuvo en el funeral de mi padre. Fue cuando sus ocupaciones, no recuerdo si como senador, eran extremas.  Pero así como estuvo conmigo en esa etapa de dolor familiar, también lo ha hecho en múltiples ocasiones con mucha gente que ha sentido el sufrimiento de perder a un ser querido. No sé con cuantos lo ha hecho, pero sí sé que son muchos, pero no en una actitud de aprovechamiento, sino de sentimiento, de solidaridad.

Ello nos habla de un ser humano bueno. Buen padre, buen hijo y que de lograr ser gobernador también será un buen gobernador. No tiene porque ser diferente. Por eso no me extraña que reparta Ivermectina en la gente que le rodea y más allá.

El sonorense es gente buena. Por eso cuando me presentan a un gobernante me fijo si ha llorado, como le ocurrió a Claudia en dos ocasiones durante su campaña cuando se le acercaron mamás pidiendo por la vida de sus hijos, o cuando definen  estrategias de mejoras para los municipios sin importarles las calificaciones de la autoridad fiscalizadora.

Por eso el llamado del Padre Villegas cuando me explicaba sus pláticas con el entonces gobernador Alejandro Carrillo Marcor –un comunista de marca--, "no te equivoques, todo bien siempre se regresa”.

De allí que debemos entender que en la medida en que elijamos a una persona buena, debemos tener la seguridad de que, si está formado en esa peculiaridad, no tenemos porque sufrir o vivir en la zozobra de lo que ocurra después.

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