La última y nos vamos…

Día de publicación: 2020-12-16
Por: Azalea Lizárraga


Las festividades decembrinas mueven a muchos a hacer un balance del camino recorrido y precisar lo que nos falta por hacer; para otros tal vez sea solo tiempo de celebraciones, sin detenerse mucho a pensar en lo que siga después. La edad y las experiencias de vida se supone que van cambiando nuestras perspectivas.

Este 2020 que ya casi entrega la estafeta, fue un año controversial, salvo su mejor opinión. Para la mayoría, fue un año de movimientos telúricos -de casi 10 en la escala Richter- que cimbraron no solo nuestra cotidianidad sino también las estructuras más íntimas del contexto profesional, familiar y personal, lo que espero nos haya dejado grandes aprendizajes y motivado serias reflexiones para mejorar.

Lo más significativo de la pandemia fue que no solo desnudó al sistema de salud y reveló las pésimas condiciones en las que transitamos y sufrimos la mayoría de los mexicanos; exhibió las carencias e ineficiencias de un sistema educativo que transita por la calle de la amargura esquina con llorarás; además de sacudir agresivamente el contexto socio económico y político del país.

Fueron tiempos de agrupamiento familiar en el que afloró lo mejor, pero también lo más sórdido de nuestras relaciones personales, lo que esperamos hay servido para, cuando menos, replantearnos las fortalezas y debilidades del tejido social en el que convivimos y, en base a ello, pasar del "modo queja” y abocarnos a trabajar, desde la esfera de nuestras competencias, para generar mejores condiciones de bienestar social.

Desafortunadamente también, porque solo agitan las aguas y se gastan millonadas en ello, ya llegaron los tiempos de campañas políticas para los relevos de los diversos cargos de elección popular. En Sonora, de aquí al 6 de junio del 2021, estarán en juego no solo la estafeta gubernamental, la joya de la corona, sino un total de 664 cargos, entre ellos las 72 alcaldías, diputaciones locales y federales. 

Ante lo ineludible de las mismas, deberíamos aprovechar tanta premura para analizar los perfiles y trayectorias de quiénes dicen tienen la respuesta a todos los problemas que hoy nos aquejan. La experiencia nos dice que del dicho al hecho hay mucho trecho, pero lamentablemente muchos compramos todavía la verborrea de algunos candidatos o tenemos tatuados los colores partidistas.

Este 15 de diciembre empezaron las pre-campañas que dicen están dirigidas a los militantes de cada partido; solían tener razón de ser cuando se inscribían cuando menos dos candidatos, ¿pero hoy? Morena (y la chiquillería acompañante), así como Movimiento Ciudadano tienen ya un candidato designado por dedos divinos, por lo que no deberían requerir precampañas. Lo suyo es, en realidad, actos anticipados de campaña que los consejos electorales estatales o federales pasarán por alto.   

Y como la cacaraqueada alianza PRI-PAN-PRD no termina de cuajar, el candidato que supuestamente encabezará la cruzada para reconquistar el corazón y la confianza de los sonorenses, sobre todo los que no militan en partido alguno, empezará hasta el 5 de marzo su discurso oficial que, se supone, deberá reflejar la plataforma política de los partidos implicados, algo que de entrada se antoja un tanto cuanto difícil, porque tiene que incluir principios de la izquierda, el dentro y la derecha del panorama político-electoral.

En los hechos, prevalecerá el discurso del partido que más leña le apuesta a la campaña, aunque en lo oscurito ya se sabe que se están distribuyendo lo que pudieran ser las mieles o hieles del poder para los años por venir.

Las cartas del PAN

A juzgar por la opinión de algunos panistas de viejo cuño, no existe reparo alguno en hacer campaña a favor de Ernesto El Borrego Gándara y no necesariamente porque su primo Javier esté ahora de su lado, sino por considerar que es una carta fuerte de probada trayectoria y honorabilidad, para encabezar la alianza PRI-PAN-PRD y lograr el voto de los sonorenses que consideran que la llegada de la 4T al gobierno estatal -o de Alfonso Durazo, no sé qué pesa más a estas alturas- no es lo mejor que puede pasar.

El asunto está enredado en la "repartición” de las candidaturas. La alcaldía de Hermosillo le tocaría a un candidato nominado por el PAN. Nos gustaría pensar que se determinará en base al análisis de perfiles de los interesados y el interés ciudadano, y no por reparto de cuotas al interior del partido.

El blanquiazul es un partido que transita con la bandera del "bien común y servir a la gente”. Nunca como hoy tiene la posibilidad de probarlo y dejar de lado los cotos de poder que pareciera se enquistaron entre las cúpulas partidistas, al margen de sus principios ideológicos. Es tiempo también de reconquistar las simpatías y preferencias de sonorenses libres de ataduras partidistas -que somos muchos- porque a estas alturas, todos los partidos están muy devaluados y cuestionados.  

Por lo pronto la verdadera alianza debe empezar en el seno del partido para decidir quién les conviene más entre Toño Astiazarán, David Figueroa u otros, pero debe ser producto del análisis de perfiles honestos y competitivos, capaces de despertar el respeto e interés ciudadano.

Porque no hay que perder de vista que la actual alcaldesa, Célida López no se duerme en sus laureles y ha trabajado para asegurar su reelección con la estafeta de Morena y trae lo suyo con la ciudadanía sin color partidista. Entrona es, así que no pueden, ni deben, minimizar su carga positiva.

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