Mujeres sin miedo

Día de publicación: 2021-03-10
Por: Marcela Alvarado

La inspiración de la cantante coahuilense Vivir Quintana con su tema "Canción sin miedo” es parte ya de la llamada revolución y/o evolución feminista en México.  Esa que ha sacado de su zona de confort a miles de jóvenes que nacieron en la era digital y que por años estuvieron al margen de luchas sociales.

Es el aumento en los casos de desaparición forzosa, en la violencia dentro del hogar, el acoso callejero, las violaciones sexuales y en la peor de todas las muestras de desprecio hacia las mujeres, el feminicidio, que provoca que se sumen a las marchas que protagonizan cada año quienes les precedieron en el activismo.

Un grupo de estudiantes chilenas fueron el parteaguas hace unos tres años con su composición "Un violador en tu camino”, que se replicó en todo el mundo y en varios idiomas.

Por igual se canta que se baila, se llora, se ríe, con el himno de las chilenas o el de la coahuilense, en un clamor al unísono para que haya justicia.

Quizá de tanto escuchar que no debemos normalizar la violencia es que las jóvenes de hoy optaron por no conformarse con el estilo tradicional de marchar y lanzar consignas que, si acaso se publicaban en interiores en notas breves. Ellas perdieron el miedo a transgredir, a romper con el statu quo, al pasar de simples pintas al daño a instalaciones públicas y privadas, como monumentos, estatuas, oficinas.

Para llamar la atención de los máximos representantes del Estado Mexicano, pegan donde más duele, en lo que genera sentido de pertenencia, identidad, como los edificios históricos o los héroes, muchos de los cuales, en su momento fueron parte de un movimiento transgresor como la lucha de Independencia o la Revolución.

En las primeras planas lo que destaca son los daños provocados por las féminas a su paso en las marchas. Pese a lo reprobable sobre todo de atacar a mujeres policías, la nueva oleada de feministas ha logrado su propósito: visibilizar la lucha, el hartazgo ante la violencia feminicida, así como la exigencia de justicia.

De publicarse antes en notas breves de interiores los pormenores de algunas marchas, se pasó a las ocho columnas en los medios de México y de otras latitudes y eso ha generado, gusten o no los métodos, que más mujeres despierten y salgan a las calles.

Al final del día, como ha ocurrido, las paredes se vuelven a pintar, las estatuas a restaurarse, pero no se pueden regresar las vidas de mujeres arrebatadas violentamente y quienes sobreviven a estos intentos o a otras agresiones, pasan por un largo proceso de recuperación y aun así hay quienes difícilmente vuelven a sonreír.

Más allá de la percepción que esto genera en las autoridades, de quienes lo menos que se espera es empatía, lo que se sigue es una sacudida en las Fiscalías, en los juzgados, en las corporaciones policiales, para que ningún crimen que se cometa en contra de una mujer en nuestro país quede impune.

Sigue también un cambio desde las entrañas del poder, público y privado, para que se combatan fehacientemente el machismo y la misoginia y eventualmente, sucederá. Como dicen las jóvenes ¡se va a caer!

El poderoso mensaje de las mujeres es que no se va a tolerar ningún acto de violencia. Si tocan a una, responden todas. Con esto se esperaría que futuras generaciones crezcan en un ambiente donde se les forme en la igualdad, sin los atavismos del patriarcado. Así tengan que romperlo todo ahora.

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