La esperanza muere al último

Día de publicación: 2021-04-25
Por: Azalea Lizárraga


Me permito retomar las palabras de un "aspirante” a la alcaldía de Hermosillo, respecto de los candidatos a la gubernatura del estado: "Nadie inspira una esperanza…”, porque de alguna forma, es el sentir de muchos sonorenses respecto a la clase política en lo general, independientemente de los colores partidistas y/o del cargo de elección popular al que aspiran muchos de los que andan en campaña, soterrada o abierta… da lo mismo.

Y es que hoy en día, ser "político” es un concepto bastante devaluado ante los ojos de la ciudadanía, debido a las grandes fallas que han tenido quienes, ostentándose como tal, estuvieron en las cúpulas del poder y su objetivo primordial fue garantizar la riqueza de generaciones por venir en el ámbito familiar y círculo cercano.

Lejos quedó el tiempo en que los políticos eran la esperanza de sus comunidades, luchadores sociales y factores de cambio ante una realidad agobiante que requería contar con personajes que dieran todo por garantizar el bienestar ciudadano, el contar con servicios públicos, salud, educación, seguridad y empleo, los satisfactores mínimos e indispensables para el bien vivir en armonía y confiados en que siempre habría un mejor mañana para las futuras generaciones.

Olvidemos que las ideologías partidistas están desdibujadas hoy en día, que las alianzas y coaliciones son la constante en el ámbito político-electoral, que mezclar el agua y el aceite es lo políticamente correcto para garantizar ganar elecciones y, tal vez, hacer lo conducente para llevar al municipio, estado o país a buen puerto. 

Realidades inevitables que pudieran convencerme en los hechos, pero uno esperaría que no fueran tan "trompudos” y nos presentaran alternativas para elegir no al menos "peor”, sino al más capacitado y confiable.

E inicio con quienes contenderán por la presidencia municipal de Hermosillo, la joya de la corona en el estado, por ser la sede de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, amén de ser el municipio con mayor densidad poblacional en Sonora.

Un cargo al que puede aspirar quien se sienta hermosillense, aunque no hayamos nacido en la capital del sol, pero aquí nos hemos formado y es nuestra morada por elección; porque nos gusta la preservación de sus tradiciones –desde los tacos de cabeza y carne asada, el menudo y la gallina pinta, hasta las coyotas de Villa de Seris-; que admiramos nuestros íconos: la catedral, la plaza Zaragoza y hasta el mercado municipal; presumimos la contrastante geografía de comunidades como San Pedro y Bahía de Kino, complementos de la orgullosa metrópoli que aspiramos ser; que nos preocupa el deterioro de la economía formal e informal que nos distinguía a nivel nacional; pero sobre todo, que somos parte de un conglomerado de zonas urbanas y rurales que ha sido testigo de mejores tiempos.

Hoy Hermosillo es una ciudad greñuda y desaliñada; una capital que respira inseguridad, que denota tristeza por el abandono y la falta de oportunidades, sobre todo para las futuras generaciones.

Como la reelección hace su aparición en el escenario local, será interesante analizar los pormenores del discurso de que tres años son pocos para remediar los grandes males que dejaron los de atrás; lo más importante será ver si son capaces de reconocer y enmendar yerros, porque los hubo.

Y en estas condiciones, los nuevos que aspiran a la alcaldía vendrán a hablarnos de la problemática, irresponsabilidad e incapacidad de los que ya se van. Se presentarán como los superhéroes de Marvel, para convencernos que les brindemos el ansiado tache para recuperar la grandeza de la ciudad. De todos, solo dos tendrán propuesta viable.

Pero más nos preocupa la conformación de los congresos local y federal, porque no estamos convencidos del rumbo que está tomando este gran barco que es nuestro país en sí.

Allí la cosa está peor, porque en la mezcolanza ideológica y con la experiencia pasada de que no se requiere formación alguna para ser legislador, finalmente hay un pastor que les dirá cómo votar ante tal o cual propuesta, pero el control del barco está quedando en manos de unos cuantos que, tal parece, se han mareado a la mitad de la travesía.

Los que contenderán por las diputaciones locales y/o federales de sus respectivos distritos, tendrán tiempo para convencer a una población incrédula y desencantada; ya veremos si la mezcolanza produce un engendro manejable y productivo o paralizante y aberrante.

Que en las listas plurinominales aparezcan las mismas caras de políticos con trayectoria partidista y legislativa, se ha convertido en un suceso menos comentado y peligroso que la imposición de personajes sin perfiles adecuados, solo por berrinches de "liderazgos” cuestionados por su ineficiencia en el ejercicio de gobierno pero que demandan su cuota de poder; lo más lamentable es que lo logren.

Preocupante es que quienes encabezan las listas de plurinominales se convierten generalmente en los líderes de las bancadas partidistas, los jefes indiscutibles de las manadas que llegarán a levantar el flamígero dedo para bien… o para mal. Claro, con sus contadas excepciones.

Así las cosas, se antoja como una odisea lograr "sacar al buey de la barranca”, coloquialmente hablando. ¿Qué opina usted?

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