Gobernador, ya paren a los yaquis

Día de publicación: 2022-03-31
Por: Feliciano J. Espriella



Desde que tengo uso de razón, en multitud de ocasiones he leído o escuchado noticias en su gran mayoría negativas referentes a la etnia yaqui o a algunos de sus miembros. He escuchado y leído sobre reseñas y desmanes de indígenas yaquis, que van desde crímenes espantosos a agresiones sin motivo a gente inocente.

Por más que lo intento, y he pasado cientos de veces por Vícam, Bácum, Loma de Guamúchil y he estado de visita en Cd. Obregón durante semanas, no recuerdo una sola vez en la que hubiera visto a yaquis ofertando artesanías, alimentos o algún producto típico de la etnia como acostumbran a hacerlo otros grupos étnicos. Deben tenerlos, pero no parecen haber trascendido mucho ni parece interesarles promoverlos.

En síntesis, lo poco que conozco de los yaquis es en el sentido de que fueron grandes guerreros y que nunca cedieron al intento de doblegarlos en distintas épocas, a pesar de que en alguna ocasión sus recintos sagrados fueron bombardeados desde el aire. De hecho, fue la primera vez que se arrojaron explosivos desde aviones en la historia de México. Según se cuenta, no sé si pregonado por historiadores o sólo es una leyenda a propósito de aquellos acontecimientos, palabras más, palabras menos, los yaquis decían: "No le tengo miedo al pájaro, sino al cuacha”.

En esta administración federal el presidente de la República los tiene en muy alta estima y varias veces ha referido los abusos de que fueron objeto, a grado tal, de que vino a Sonora personalmente a ofrecer disculpas y pedirles perdón en nombre de la nación por los agravios que se les infringieron.

Pero para muchas otras personas, el pueblo yaqui está integrado y dominado en la actualidad por holgazanes, viciosos, dipsómanos y adictos, lo cual, dicen, se originó en virtud de que en la primera mitad del siglo pasado los distintos gobiernos de aquella época fueron incapaces de doblegarlos y mejor optaron por envilecerlos. Los inundaron con todo tipo de dádivas entre las que se encontraban además de dinero, artículos para sus viviendas, alimentos y grandes cantidades de alcohol.

Aunque efectivamente la etnia yaqui fue un pueblo de guerreros que libraron muchas épicas batallas en contra de quienes para ellos eran invasores, la realidad es que cuando menos en las últimas seis o siete décadas, los conflictos que han originado refuerzan los argumentos de sus detractores. En varias ocasiones he visto cómo algunas de sus demandas, aunque disparatadas, han sido resueltas inmediatamente después de que obtuvieron un fuerte beneficio económico.

Sin embargo, aceptando que efectivamente se les tenga una importante deuda histórica, ello no les confiere el derecho de intimidar, amenazar, molestar, extorsionar, insultar y lo más grave aún, agredir a quienes atraviesan por su territorio. Y en cuanto a la multicitada deuda histórica, es de sobra conocido que el gobierno federal tiene la intención de resarcirla, y para ello, ha entablado negociaciones en las que se les han hecho cuantiosos y generosos ofrecimientos.

Es evidente que todos quienes tenemos la necesidad de transitar por la carretera en territorio yaqui corremos el riesgo de ser agredidos, ha habido muchos hechos que lo confirman. Y en este sentido, más allá de echarle la culpa a la etnia y esperar a que se les dé la gana retirar sus retenes, lo cual me parece que no sucederá por las buenas, es tiempo ya de que las autoridades asuman su responsabilidad de garantizar la seguridad de quienes gobiernan.

Considero que ha llegado el momento de que el gobernador, la secretaria de Seguridad y la fiscal general del Estado den cumplimiento a las obligaciones inherentes a sus encargos y resuelvan de una vez y por todas esta situación.

Ya no se vale que se salgan por la tangente con el argumento de que el cuidado de la carretera es obligación del Gobierno Federal. Cierto o no, el tema ya rebasó los límites de dicha obligatoriedad y pasó al ámbito de la seguridad de quienes habitamos en el estado y de quienes tenemos la necesidad de cruzarlo, la cuál es única y exclusivamente de su competencia.

¿Cómo le van a hacer? Es su problema, y me atrevo a sugerirle señor gobernador Alfonso Durazo que si la señora María Dolores del Río no es capaz de lograr resultados positivos en este tema, córrala, o si quiere ser sutil, pídale la renuncia. Y si los resultados de las acciones de la señora fiscal Claudia Indira Contreras no sirven para abatir el problema, promueva su destitución, que con su control sobre el Congreso Local le será muy fácil lograrlo.

Y si todo lo anterior falla, puede pedirle orientación al gobernador Eduardo Bours, quien tuvo los pantalones para meter en cintura a la etnia sin que se convirtiera en conflicto internacional.

Los sonorenses queremos y merecemos transitar por nuestro estado sin zozobras y sin el Jesús en la boca, como siempre lo habíamos hecho.

 

Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.

 

Twitter: @fjespriella

Correo: felicianoespriella@gmail.com

 
 
 

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