La libertad de prensa no puede coexistir con el hambre

Día de publicación: 2022-05-03
Por: Feliciano J. Espriella



Ayer fue el Día Mundial de la Libertad de Prensa, instituido en 1993 por la Asamblea General de las Naciones Unidas a iniciativa de los países miembros de la Unesco.

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, al participar vía remota en la ceremonia de apertura de la Conferencia Global del Día Mundial de la Libertad de Prensa, organizado por la Unesco en Punta del Este, Uruguay, advirtió que muchos periodistas en el mundo tienen un riesgo constante al informar, lo que significa un nuevo signo de opresión a la libertad de prensa.

"Sin la libertad de prensa no hay verdaderas sociedades democráticas, sin libertad de prensa, no hay libertad”, declaró. Seguramente en muchas regiones del planeta también se celebró el acontecimiento, y seguramente también políticos y gobernantes se exprimieron el cerebro para soltar frases tan sesudas y efectistas como las de Guterrez, que aunque no tienen un sustento realista, visten y mucho, a quienes las pronuncian.

Aquí en México no hubo mucha alaraca, en virtud de que el 7 de junio de cada año se celebra el Día de la Libertad de Expresión y que por antonomasia o conveniencia, los medios de comunicación, políticos, gobernantes y periodistas, convertimos en el Día de la Libertad de Prensa, que no es igual y tampoco lo mismo.

De hecho, en nuestro país, la Libertad de Expresión está debidamente formalizada como un derecho fundamental que se encuentra registrado en la Constitución, en los artículos 6 y 7 de dicho documento. Es entonces un derecho universal para todos los mexicanos y no sólo para periodistas.

Por ello, en esta ocasión en la que estamos frente a una conmemoración que atañe sólo a la prensa, quisiera hacer unas breves reflexiones alrededor de la supuesta libertad, la cual, cuando menos en México, es muy relativo el que se tenga. Si acaso convenimos en que sí se tiene, no podríamos ocultar que está sumamente acotada. 

En México, el término Libertad de Prensa es pródigamente socorrido por quienes nos movemos en el mundo del periodismo y, las restricciones u obstáculos para su ejercicio, son indiscriminadamente señalados por todos y cada uno de comunicadores en contra de quien hizo o dijo algo que hirió su susceptibilidad. Hay colegas que tienen la piel muy blandita y a veces hasta porque alguien los miró feo, lo acusan de enemigo de la libertad de prensa.

Empero, la problemática que verdaderamente obstaculiza y atenta contra la libertad de prensa, la podemos englobar en tres rubros:

1.        Seguridad.- Como es de sobra y universalmente conocido, México es un país en el que la integridad y vida de los periodistas en muchas regiones pende de un hilo, que suele romperse con mucha facilidad y frecuencia.

2.        Los medios de comunicación y sus propietarios no tienen suficientes modelos de negocios que les permitan ser rentables sin la publicidad oficial; y,

3.        La precariedad laboral de quienes trabajan en los medios

Tal vez mucha gente piense que quienes nos movemos en los medios de comunicación recibimos fuertes compensaciones, como López Dóriga, Loret de Mola y tal vez un centenar más en el país, que tienen yates, lujosos departamentos, ranchos y viajan a todo lujo por los destinos turísticos más sofisticados.

Lamentablemente no, la realidad es completamente divergente a la de los grandes periodistas. La mayoría de los periodistas mexicanos tienen ingresos sumamente bajos que oscilan entre un salario, un salario mínimo y medio o hasta dos salarios. Ese es el promedio nacional.

La gran mayoría de los periodistas en México, los que verdaderamente sudan la gota gorda y recorren kilómetros en busca de la noticia, apenas si sobreviven con carencias fundamentales. Una gran cantidad carece de seguridad social, servicios de salud, fondos para vivienda y expectativas de jubilación.

En esas condiciones, no tienen más alternativa que darle a sus escritos y comunicaciones el enfoque que sus patrones les indiquen en función de la línea que a ellos les convenga.

O lo hacen, o se van. Sencillo, ¿no?

Y eso no me lo platicaron. En tres ocasiones a lo largo de mi paso por el periodismo, me he visto en la necesidad de sofocar mi dignidad o decirle adiós a la chuleta. En las tres opté por irme con mi música a otra parte y no me arrepiento.

La precariedad de los y las periodistas es un tema fundamental, pero nunca se incluye en la agenda de los presuntos defensores de la libertad de prensa.

 

Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.

 

Twitter: @fjespriella

Correo: felicianoespriella@gmail.com
 
 
 
 

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